La crisis ha tenido una solución-relámpago, con Hierro al cargo de la Selección. Bueno, es un hombre formado, con prestigio, inteligencia y cautela. Viene a sustituir a un entrenador que tenía al grupo muy de su mano (veinte partidos sin perder y esa fase de clasificación tan brillante no son ninguna tontería) y nadie esperaba, cuando fuimos a Krasnodar, que iba a ser enviado de regreso antes de que comenzara esto. Pero las cosas han salido así, Rubiales ha sentido avasallada la dignidad de la Federación por él y por el Real Madrid, que han actuado a sus espaldas y con deslealtad, y le ha parecido procedente despedirle.

Tiene un coste para la Federación: dos millones de cláusula, más la indemnización que tendrá que pagarle, me figuro, a Lopetegui y a su equipo, salvo que estos tengan el detalle torero de renunciar a ello. Pero ha entendido que mejor honra sin barcos que barcos sin honra, ha decidido así y nadie que no se haya visto en su caso podrá cabalmente decir que se ha equivocado. El sustituto, Hierro, estaba a mano. Ya estuvo en la Federación tiempo atrás, cuando el Mundial 2010, y me consta que tras la derrota el primer día, ante Suiza, contribuyó mucho a templar los ánimos. Y España fue el primer equipo que ganó el Mundial tras perder el primer día.

En todo caso, el fútbol es de los futbolistas, y ahí siguen los veintitrés, más los dos meritorios, que viajaron por si acaso y para formar grupo. Son jugadores de extrema calidad, muy fogueados. La gran mayoría milita en el Madrid, en el Barça, en el Atleti o en la Premier. Las han visto de todos los colores. Saben de crisis, de glorias, de bienvenidas, de sustituciones, de malas caras, de reconciliaciones. Son ellos los que tienen que ganar los partidos, empezando por el de Portugal, que ya está ahí, mañana mismo. Once hombres sobre el campo, eso es el fútbol. Lo que importa es que ellos mantengan encendido el fuego sagrado, por encima de la crisis.